arquitectura interior


Pavimentos continuos. Hormigón pulido, mortero autonivelante, microcemento y cemento pulido 3

En los últimos años se ha generalizado el empleo de los pavimentos continuos de hormigón, que hasta hace bien poco se circunscribían a usos industriales y comerciales fundamentalmente, pero actualmente se han extendido a casi todos los usos, incluyendo el de vivienda, con la consiguiente aparición de distintos materiales que por lo que venimos observando han generado cierta confusión en cuanto a su nomenclatura, usos y características técnicas. En el presente artículo trataremos de explicar las diferencias entre los cuatro materiales de este tipo más extendidos en este momento en la construcción.

Nos centraremos exclusivamente en los pavimentos continuos de hormigón, dejando al margen otro tipo de pavimentos, también continuos, pero que nada tienen que ver con estos, al tratarse de materiales completamente distintos, como puede ser el caso de las resinas de poliuretano, las resinas epoxi, y otros muchos pavimentos continuos que nada tienen que ver con el hormigón.

Los cuatro materiales a los que hacíamos referencia son los que se exponen a continuación:

Hormigón pulido. Se trata de la solución más tradicional al ser la que más tiempo lleva utilizándose. La diferencia fundamental con el resto de los materiales tiene que ver con el espesor ya que en este caso hablamos de una solera de hormigón, nueva o antigua, a la que se le da un tratamiento superficial de pulido con una máquina pulidora, para conseguir un brillo natural y una perfecta planimetría, aplicando en su superficie distintas capas de rodadura con distintas adicciones de minerales, resinas y pigmentos para darle la terminación deseada. Es importante tener en cuenta que al tratarse de una solera de hormigón con un espesor mínimo de en torno a 8 cm serán necesarias juntas de retracción en paños no superiores a los 20 m², es decir, cada 4,5 m necesita una junta de dilatación, por lo que en la práctica no se trata de un pavimento continuo propiamente dicho. Decir además que con este mismo sistema constructivo se pueden conseguir otro tipo de acabados superficiales distintos al pulido como pueden ser los hormigones desactivados (de árido visto), los hormigones impresos, los pulidos con ácidos (producen cambios de color), hormigones cepillados (muy antideslizantes gracias al cepillado con escoba de carretero) etc.

Mortero autonivelante. En este caso si hablamos ya de un pavimento continuo propiamente dicho, sin juntas y con un espesor relativamente bajo, normalmente varía entre 5 y 15 mm. En realidad se trata de un mortero tradicional con aditivos para dotarlo de una mayor fluidez, generalmente anhidrita y fluidificantes. El mortero autonivelante del que hablamos aquí como pavimento continuo es en realidad una evolución del mortero autonivelante que se viene utilizando desde los años 70  con espesores mínimos de 3 cm y como soporte para un acabado posterior que ha dado a paso a un material que se resuelve en menos espesor y sirve como acabado final. Sería este el primer mortero que se ha estado utilizando como pavimento continuo acabado y el que nosotros en su momento elegimos para resolver el suelo de nuestro estudio. Si bien comentar que la calidad del acabado dista mucho de la conseguida con los materiales que vienen a continuación, debido a la presencia importante de marcas de agua y a la habitual aparición de fisuras.

Microcemento. Este material es claramente la última tendencia en revestimientos continuos dadas las múltiples ventajas que nos ofrece. Se trata normalmente de un revestimiento bicapa (microcemento en polvo y resinas) colocado sobre una malla, con una gran resistencia y flexibilidad, lo que elimina el problema de las fisuras tan comunes en el mortero autonivelante, sin juntas y que permite su aplicación en casi todo tipo de superficies y tanto en suelos como en paredes y techos, además de en multitud de elementos de mobiliario o decorativos como pueden ser escaleras, sanitarios, duchas etc y todo ello con unos espesores muy reducidos que suelen variar entre 1 y 3 mm. Se presenta además en una amplia gama de colores y es completamente impermeable además de poder conseguirse en acabados antideslizantes lo que lo hace apto también para exteriores, habiéndose extendido su uso en zonas de piscina. Su aplicación es bastante sencilla y prácticamente artesanal sin necesidad de ningún tipo de maquinaria pesada.

Cemento pulido. Se trata de un material cuya nomenclatura tiende a confundirse con el hormigón pulido del que hablamos con anterioridad pero nada tiene que ver con él. En este caso no es más que una evolución del microcemento compartiendo con este todas sus ventajas y diferenciándose de él fundamentalmente en que no necesita malla para su aplicación consiguiendo la adherencia con puentes de uniones, el árido es de mayor tamaño, tiene mayor resistencia a compresión y el acabado es aun más uniforme disminuyendo aun más la aparición de marcas de agua.. Su composición es a base de cementos seleccionados, arenas finas, resinas, coadyuvantes y pigmentos naturales. Se aplica con dos finas capas de un grosor total de 2 mm y de forma manual con llana. Se pueden conseguir superficies de hasta 500 m² sin juntas de dilatación. El acabado final así como los usos posibles no difieren prácticamente de los del microcemento.


Un espacio para trabajar

¡Ya estamos instalados!   

Partimos de un espacio vacío y había que hacer de él un espacio para cumplir una función, un estudio de Arquitectura. Teníamos muchos conceptos y muchas ideas de cómo debería ser e intentamos plasmarlas en el vacío existente, con las limitaciones impuestas por este. Se trata, como siempre, de convertir las limitaciones en virtudes.

Lo primero es lo que nosotros esperamos de un espacio para trabajar, para trabajar a gusto, como en casa, buscamos la comodidad, la calidez, un espacio agradable para estar, para proyectar.

El espacio nos impuso una primera limitación, el tamaño. Esto no impide que intentemos aplicar los conceptos que nosotros tenemos de cómo debe ser y como debe funcionar un lugar destinado a este uso. Entendemos un espacio de trabajo como algo totalmente abierto, en donde se mezclan las distintas funciones, como ocurre en nuestra labor diaria, todos trabajamos juntos, en equipo, debemos estar juntos para hacerlo, debemos aplicar principios que tienen que ver con la “transparencia”, la “flexibilidad”, el “trabajo en equipo”. Por esto hay un único espacio, así sería también si la limitación del tamaño no existiese. Es en este caso el tamaño el que nos obliga a la optimización del espacio, todo está en una misma sala (transparencia y trabajo en equipo); el mobiliario se diseña para resolver varias funciones al mismo tiempo, la estantería-almacén dispone de un gran panel corredero que oculta lo que no debe estar a la vista, y varía su profundidad para albergar impresoras y equipos de música, la mesa se dimensiona para recoger puestos de trabajo en número variable y se diseña para ocultar los equipos en su parte inferior, liberando espacio en la parte superior, en la que cobran protagonismo los monitores (flexibilidad).

El otro punto fundamental es que todo esto se resuelva de modo que el resultado sea un lugar cómodo, agradable, cálido… como en casa. Para ello optamos por la “simplicidad”, la búsqueda de líneas amables, lo menos recargado posible, pero sin caer en el error tan habitual en las oficinas actuales de crear un ambiente frío, de líneas rectas y de ausencia de color, de ausencia de calidez. Al contrario, el color aparece en el local como un elemento fundamental, partiendo de un color neutro en todo el espacio, en suelo, paredes y techo, el gris, con tonalidades diferentes, introducimos una pared de color, introducimos el contraste, el rojo, que servirá de fondo a las exposiciones temporales de nuestras fotografías. El color aparece además, sin ningún miedo y sin prejuicios, en la multitud de  elementos necesarios para el desarrollo de los proyectos, equipos, carpetas, archivadores, libros, cajoneras…

La misma idea de simplicidad y calidez la llevamos al terreno de la luz, resolviendo la iluminación principal con una lámpara longitudinal que proyecta la luz sobre la mesa y hacia el techo, liberando este de elementos innecesarios. Como apoyo una luz indirecta baña la pared destinada a exposición.