Ecología, sostebinilidad, politiqueo o estupidez humana?


Hace no mucho, unos politiquillos de la Xunta de Galicia, quien sabe si después de zamparse el chuletón mientras se fumaban un purazo o en algún otro momento de inspiración, aprovechando que esto del ecologismo está de moda, discurrieron ideas brillantes que plasmaron en un decreto que denominaron “normas do hábitat galego”.
Este decreto, que sustituye al de “habitabilidad” fechado en noviembre de 1992, si bien lo actualiza acorde con los tiempos actuales, evitando entre otras cosas posibles especulaciones de promotores en detrimento de la calidad de vivienda, también incorpora una larga lista de puntos de discordia, entrometiéndose en el diseño arquitectónico de los técnicos, solapándose con el reciente CTE e incluso atreviéndose a legislar con ambigüedad al objeto de lograr la sostenibilidad ecológica de una vivienda.
Dicho decreto obliga a la depuración de las aguas grises procedentes de fregaderos, duchas, bañeras y lavabos para su reutilización en cisternas, lavadoras y grifos exteriores, que si bien aparentemente parece ser una medida de ahorro de agua, lo único que consigue es encarecer la vivienda en un momento de crisis en el sector.
Este sistema de tratamiento y reutilización de aguas grises se consigue mediante la incorporación en la vivienda de un equipo de depuración (tanque de tratamiento) y el duplicado de las redes de fontanería y saneamiento. Estos sistemas de depuración “caseros” no consiguen eliminar ciertas bacterias con lo que en el caso de instalar un sistema comunitario en un edificio de viviendas este virus infectaría los tanques y/o cisternas de todos los inodoros del edificio con el consiguiente peligro de infección. Considero un tanto irrisorio que en Galicia (clima tropical) se pretenda por decreto obligar a reutilizar las aguas grises en todos los edificios de vivienda, utilizando sistemas novedosos que no ofrecen todas las garantías sanitarias.
Con este “estudiado” sistema, el ciudadano ahorrará agua pero las facturas seguirán incorporando un consumo mínimo, curioso no?.
Mientras las grandes empresas siguen contaminando sin ningún reparo, pagando de vez en cuando alguna que otra sanción irrisoria, el trabajador que quiere una vivienda debe pagar el pato para que parezcamos una sociedad preocupada por sostenibilidad del planeta.
Desde luego, si se trata de ser distintos, con este decreto creo que lo conseguiremos.

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